Gio y su historia de Muzza emprendedora – Capítulo 1

mujer emprendedora

Desde muy chica me metí sin saberlo en el mundo de las ventas, recuerdo que mis padres me llevaban de visita a un local comercial de ropa que tenía una tía y mientras mis primas jugaban en los pasillos del centro comercial (que en esa época se podía hacer sin temor a robo de niños), yo prefería quedarme detrás del mostrador esperando a que entrara algún cliente a preguntar por algún producto.  En el momento que yo veía que ingresaba una persona, sentía una emoción retadora muy bonita, la cual me decía que yo lograría que esa persona no saliera nuevamente por la puerta sin llevar algún producto de los que vendíamos en sus manos. En realidad no se ni cuantos años tenía, pero recuerdo que no debían ser más de unos 8. Era el mejor juego de vendedora que podía tener a mi corta edad; como una cuestión innata, sonreía a la persona que estaba entrando, la saludaba y le preguntaba cómo le estaba yendo ese día, creo yo,  que las personas al ver que era una niña la que emitía esa pregunta con tanta seguridad, les causaba ternura y gracia y siempre me contestaban muy amablemente y así sin saberlo, ya había logrado romper el hielo con el cliente. Después les preguntaba, que, si los podía ayudar en algo y nuevamente muy amablemente me contestaban, me decían que estaban buscando y, en ese momento mi tía aparecía en escena y les sacaba las tallas y los colores que estaban solicitando (claro, ahora entiendo que no podía dejar a su cliente potencial en manos de una niñita de 8 años). Dentro de mí, yo quería que la gente pensara que yo era la encargada de la tienda, ¡que ingenuidad!

He de reconocer que mi tía desde esa época le vende hielo a los esquimales.  Así que, entre mi simpatía de niña y el gran espíritu vendedor de mi tía, la mayoría de las veces lográbamos cerrar la venta y la satisfacción que yo sentía en esos momentos era infinita.

Realmente no recuerdo si mi tía me daba dinero o no por la ayuda de las ventas, creo yo que no y en realidad no tenía por qué hacerlo, pero obviamente yo me daba cuenta, que cuando algo se vendía, pues entraba dinero a la caja registradora, que por cierto ya para esa época era bastante antigua y que a propósito hoy es uno de los objetos que quiero exhibir en mi casa como una antigüedad muy preciada.

Continuará…

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